domingo, 18 de septiembre de 2011

¡Here I am!




Es una fría tarde de invierno.
Abandono mi casa,
 sin rumbo.
Sin un destino final.
 Camino, bajo la lluvia.
Mirando al frente,
sin mirar nada en concreto.
Con la mirada perdida,
en algún lugar,
 lejos de aquí.
Cuyo nombre,
ni siquiera sé.
Y es entonces,
 Cuando repasas tu vida,
 te das cuenta,
que no perteneces, al mismo lugar.
 Que son, completamente diferentes a ti.
Que en realidad es una tapadera,
que colocas para pasar el tiempo.
Para que cuando pasen los años,
y lo tengas todo claro,
poder quitarla, y decir,
aquí estoy yo. 

martes, 13 de septiembre de 2011

Déjate Llevar, si el alma te lleva.




No tengas miedo… Tan solo déjate llevar.
Cierra los ojos, y olvídate de todo lo que te rodea.
Deja tu mente en blanco, en un estado de relajación profunda.
No temas, yo estaré contigo, a tu lado.
Juntos lo conseguiremos, y no te sucederá nada, confía en mí…
No hay razón alguna por la cual asustarse, o incomodarse.
No te soltaré la mano, hasta que todo esto haya pasado.

Pero, padre, ¿y si el coco vuelve?

lunes, 12 de septiembre de 2011

O Don, de Saber Escoitar.




Vexo deslizarse ante min, as pingas de auga, por unha ateigada fiestra pechada.
Reconfórtame ollar para elas, seguir o seus regueiros coa miña mirada, ata velas desaparecer, diluirse nunca mancha común, á que denominamos poza.
Analizo os seus recorridos, uns recorridos incesantes. De arriba veñen, e para abaixo van. Ningunha se para, todas elas escorregan, ata decirme adeus.
¿Por qué?. Iso non o sei. Ninguén o sabe. E ao mesmo tempo, todos o sabemos.
Unha sensación de melancolía, apodérase de min.
Vexo, todas esas numerosas pingas, que chegan, e pasan ante a miña ollada, insignificantes.
Sen un motivo mais, que para escorregar pola miña fiestra.
Pero, non , non mo podo crer. Algún motivo mais teñen que ter, non pasan por pasar, négome a crelo.
¿A onde irán a parar todas elas?
Xa o sei, a un fochanco cheo doutras semellantes. Pero non, non me refiro a iso…
Ti non me entendes, e non cho podo explicar.
Tereime que conformar, ou senon, sempre terei a opción de preguntarllo a unha delas.
Malo será que ningunha me responda, ¿non cres?.
Ben, agora é o momento, vexo a unha moi xeitosa. Alá vou, deséxame sorte, e deséxalle a ela, o don de saber escoitar



¿A qué huele la lluvia?




¿A qué huele la lluvia?
No lo sabemos, nadie lo sabe con exactitud.
Quizás sea; porque no hay una razón material aparente. O quizás si la haya, pero esta segunda posibilidad, no me interesa.
No necesito saber, de que materiales procede ese fresco aroma característico. No necesito saber la causa, de tal especial suceso.
Porque, para mí, la lluvia… Huele a pura felicidad.
Huele a un lento, e incesante vaivén de árboles, a tierra húmeda… Huele a un trozo de cielo; salpicado de unas cuantas nubes,  huele a las olas del mar, en una fría noche de invierno.
 Es el aroma, de los lacios cabellos de la madre naturaleza… recién mojados…
Huele a la naturaleza en toda su magnificencia y plenitud…
Es el olor de la libertad.

Thiago Slater, joven soñador.

Thiago Slater, era un joven muchacho, enamorado de la vida.
Un joven, pero a la vez, viejo amante del buen rock and roll, de la esencia de la música.
Las melodías, danzaban en su mente, y se agitaban en su delicado corazón.
Por sus venas, no circulaba sangre, sino pura euforia.
Era un adicto a la felicidad, hasta tal punto;  de llegar al extremo límite, de no parar de sonreir ni un minuto al día, incluso en sus sueños nocturnos.
En sus ojos; se veía relucir el brillo característico de su mirada, de su intensa mirada. Capaz de hacerle una radiografía entera a tu personalidad, y con ella a tu corazón, con tan sólo una mirada.
Era; un  pequeño mozalbete apasionado del antiguo cine, del único cine verdadero.
Aún hoy en día, oigo retumbar sus palabras en lo más profundo de mi mente:
“El cine, es como la vida misma, tan  solo varía, que somos nosotros, los que tomamos la decisión de cuales serán las siguientes escenas, y no la propia vida  misma”
Jamás he conocido a alguien tan entusiasta respecto a la literatura como él. Él era el puro amante de la buena lectura por definición.
Se pasaba los días, y las noches, de insomnio (en su mayoría) bajo una casta y pura luna, o tal vez, en un sueño mismo, recitando sus más selectos poemas, las más exquisitas citas, o quizás incluso, trozos de sus propias y embriagadoras melodías.
Cantaba a la luna, a las olas del mar, al cielo diurno y nocturno, al cielo que hay; y el por haber, a las más ignotas estrellas, al repentino viento, a los gratificantes y más insignificantes rayos de sol. Cantaba al horizonte, y a cada una de las hojas de los árboles que pueblan el mundo entero.
Y es que, es sabido ya, que el encantador (y con ello; quiero decir, que, con sus cantos, logra encantar hasta al más arisco personaje) era, es, y será siempre, un enamorado de la vida, aunque cesen los latidos de su estimado corazón, e incluso aunque la euforia, deje de circular, por siempre, en su cuerpecito de hombre atrapado y retenido en el cascarón. 
Su sueño, era vivir, como buen soñador que él era…
Pero la ingrata vida, no ha dejado que sea igual de vividor, como soñador era…

jueves, 8 de septiembre de 2011

Silencio




Cortante silencio…
Silencio que me separa de ti, que me aleja de tu cariño…
Te veo tan lejos de mí…
Tan lejos de mi corazón…
Rehuyes mis caricias, ya no quieres mis besos…
Apenas me miras…
Y me siento tan lejos de ti…
No entiendo como hemos llegado hasta aquí…
Añoro que susurres mi nombre en la oscuridad de la noche, bajo la luna…
Tan solo quiero volver a oírte pronunciar un “te quiero”. Un “te quiero” a mi magullado corazón.
Deseo tanto sentir tu respiración en mi garganta…
Tu desbocado corazón; junto a mi piel…
Mis manos enredadas en tu cabello…
Tus delicadas manos recorriendo mi rostro…
Deseo tanto volver a tenerte otra vez…

martes, 6 de septiembre de 2011

Sobre nuestra ignorancia.

Nos condiciona la ignorancia.
 Es un hecho real, no podemos omitirlo, por mucho que nos cueste admitirlo.
Somos seres inferiores a nuestras capacidades.
Nos autodenominamos avanzados, desarrollados e inteligentes.
Sí, hemos progresado. Si consideramos el progreso como autodestrucción.
Tan solo nos podemos ver con buenos ojos.
La culpa nunca es nuestra.
Los errores siempre son producto de equivocaciones ajenas.
Pero al fin y al cabo, somos como cualquier otro animal.
Nos dejamos llevar por el jefe de la manada.
Somos como el cotarro de un ejército.
Hacemos, creemos y pensamos en lo que nos ordenan.
No sabemos salirnos de la línea que nos marcan.
Aunque somos conscientes de lo que sucede en nuestro entorno, no le prestamos suficiente atención. Nos dejamos llevar por las distracciones a las que nos someten.
Miramos hacia otro lado, confiamos en que las cosas pronto se arreglarán solas.
Pero se equivocan, todos nos equivocamos.
Nada se arreglará si seguimos así, la situación no va a mejorar por apartarla de nuestra mente.
Ahora, en este momento, es; cuando más que nunca, se necesitan nuevas e innovadoras ideas. Mentes brillantes funcionando, observando, pensando, e indagando.
Pero no podemos pretender solucionar los problemas, sin saber observar.
Vemos, pero no somos capaces de mirar, de observar con detenimiento.