Noto sus acelerados latidos en la palma de mi mano. Sostengo entre mis manos su vida, su corazón.
Lo miro una y otra vez, y por mucho que me esfuerzo, no logro ver nada más allá de mis ojos.
Busco en mí, los sentimientos que algún día le concedí.
Rebusco en mis entrañas, los recuerdos de un lugar lejano. De un tiempo pasado, un tiempo desechado.
Él está desfallecido en la esquina de la habitación, sumido en las tinieblas.
La ventana se abre de par en par. El aire, fresco y puro de la noche, entra en la habitación.
A su paso, folios, cartas y bocetos, se enfrentan unos a otros, dando paso a hojas secas, y perfumados pétalos.
En la oscuridad, reluce el puñal, que entre mis manos se mece.
Un brillo de maldad, ilumina mi mirada.
No puedo sostener más entre mis manos, rozando mi piel; junto a mi cuerpo, este órgano palpitante.
Tan sólo verlo me produce fuertes náuseas. Necesito depositarlo, sobre el amplio buró de roble.
Tras los cristales, ocultada, diviso la luna, testigo de esta ruptura.
Cierro los párpados, respiro profunda y relajadamente, y libero mi alma…
Alzo con decisión mis manos, como danza a los espíritus… y hundo mi daga, en sus entrañas.
Retiro el arma de su ya marchito corazón, pero algo atrae mi atención y mis sentidos. Gotas de sangre, deslizándose desde la empuñadora hacia mi piel, su sangre sobre mi sangre…
Un impulso domina mis sentidos, atraigo el profanado y afilado utensilio hacia mi rostro, hasta sentir el filo goteando por mi piel, deslizándose hacia mi cuello…
Mis labios tintados de rojo pasión, piden más, necesito más. ¡Quiero más!
Deslizo mi lengua por el filo, hasta que las oscuras manchas desaparecen.
Me reconforta hacerlo, mi pulso se dispara, mi corazón enloquece…
Abro una pequeña hendidura en la punta de mi lengua, y dejo que las dos sangres se junten otra vez, doy paso a la lujuria.
Despliego lentamente los párpados, mientras asimilo lo sucedido.
Algo en mí ha cambiado, mis sentimientos han cambiado…
Despliego lentamente, los dedos de mi mano, consciente de mi error, y dejo caer al suelo, la daga, causante de mi horror.
Me arrepiento de lo que he hecho, ahora deseo más que nunca su sangre, su piel, todo su cuerpo…
Aquí estoy, de pie, sola frente a esa mujer. Esa mujer a la que tanto odio.
La miro, y veo sus ojos inyectados en sangre. Noto sus miradas de desprecio y rechazo clavándose en mi piel.
Siento los temblores asolando su cuerpo. Veo sus puños cerrados en resistencia, como señal de impotencia.
Presiento su mandíbula en tensión. Escucho el estridente sonido producido por la fricción de sus dientes.
Siento ese enorme deseo hacia mí,hacia mi cuerpo, mi piel…
Sé que desea sentir el fuego continuo de mi sangre, deslizándose en su apetitosa boca, sus dientes hundidos en mi carne…
Arde en deseos de saborear mi cuerpo, de tenerlo bajo control.
Alma, cuerpo y mente, arden en llamas de furia, rabia y odio.
Me repugna lo que veo ante mí. No me reconozco, no veo nada mío en aquel ser. Pero tampoco necesito verlo.
No puedo soportarlo más. No es de mi agrado sentir la impotencia.
Estoy decidida, voy a acabar con esto de una vez por todas.
Estabilizo mi mente, y pienso cual será mi siguiente paso. Pero, no tengo tiempo ni para la reflexión.
Sin pensarlo dos veces, me adelanto unos pasos, y… De un sencillo, pero contundente, golpe de nudillos, hago añicos mi tormento. Convierto en pequeños trozos de cristal, mis temores.
Pocos fuimos los que intentamos remediarlo y concienciar a los restantes. Pero estos optaron por el método más fácil y cómodo, dejarse llevar por la indiferencia.
Intentamos por todos los medios meter en sus mentes, las visiones de la realidad que inundaban nuestras mentes.
No sirvió de nada, lo único que obteníamos como respuesta, era mirar hacia otro lado, hacer como si no estuviera sucediendo nada fuera de lo normal. No supieron apreciar lo que tenían, no tenían miedo de perderlo, creían que no podrían arrebatarles la vida.
Ahora por culpa de ellos, que fueron incapaces de concienciarse con el medio ambiente, hemos pagado todos por sus errores.
Llegó el momento en el que la situación se nos ha ido de las manos.
Los veranos eran insoportables, la temperatura ascendía estrepitosamente en poco tiempo, enormes olas de calor azotaban el mundo.
Llegado el invierno, era ya muy difícil ver la nieve en las ciudades o en el campo. Se producían con mucha más frecuencia, catástrofes ambientales, terremotos que asolaban la tierra con su furia, huracanes que barrían todo lo que encontraban a su paso.Múltiples inundaciones a causa del deshielo; provocado por el cambio climático, lo cual hacía elevar extremadamente el nivel del mar.
En los lugares más inhóspitos comenzaron a aparecer especies extintas o propias de otros ecosistemas muy diferentes. Luego aparecieron infinidad de plagas.
Por si eran pocas las enfermedades que ya teníamos con estos sucesos, comenzaron a aparecer nuevos virus, nuevas enfermedades… con un grado de agudeza bastante elevado.
Tal y como estaba la situación, ponerse a investigar, buscar curas y remedios… era algo que ya ni se planteaban.
El final era inminente… ¿Para qué tratar de retrasarlo un mínimo período? En toda la Tierra se sembró el caos, la absoluta desesperación, las graves depresiones… Los homicidios, provocados por la tensión del ambiente; que llevaba a peleas y enfrentamientos. Y con ellos los suicidios.
Con todas estas catástrofes el mundo se hizo inhabitable, el número de muertes aumentaban con una velocidad estrepitosa. Nunca antes pasara algo semejante.
Así sucedió nuestro fin. El fin del mundo. El fin de una especie, la especie humana.
Quien sabe, puede ser que al desaparecer o mucho antes cuando aun existíamos, en otros lugares de la galaxia, tuviéramos sustitutos, otras especies superiores o inferiores, que hacían su vida lejos de la nuestra.
Soñamos con formar familias, soñamos con ver crecer a nuestros hijos, pero ni por asomo nos imaginamos que ellos no lo podrán hacer.
Nos despreocupamos de todo, nos volvemos egocéntricos, solo nos preocupa el dinero nos volvemos avaros, y nos olvidamos de lo que verdaderamente importa. Dejamos atrás nuestros principios como personas que somos y descuidamos nuestro planeta. Si seguimos con este ritmo, se nos va a venir todo encima. Cuando queramos hacer algo, plantear soluciones y ponerlas en práctica, será demasiado tarde, todo estará ya decidido, la situación habrá tomado un rumbo escandaloso.
Luego vendrán los arrepentimientos.
La resignación para aquellos que desde el principio se dieron cuenta, e hicieron todo lo posible para evitarlo.
La histeria para otros, esos que sus ojos siempre han estado tapados por un velo, el velo de la avaricia, que no les dejaba ver la realidad.
Poco a poco nos vamos acercando a una situación indeseada; en este planeta ya reina el descontrol, tanto que tenemos y no sabemos ni usarlo.
Tendríamos que sentirnos agradecidos, por tener tan buen lugar donde vivir; deberíamos agradecérselo al planeta cuidándolo y siendo verdaderamente felices.
Ese será el destino, ese será el lugar en el que tendrán que sobrevivir nuestros descendientes, eso, si aun existe este planeta.
Nunca es tarde para quitarse el velo de los ojos, tirarlo al suelo y despedirse de él.
Estamos a tiempo de frenar tan caótica situación, si nos lo proponemos con el tiempo ya no quedará ni rastro de lo que podría haber sucedido. Pero para que ocurra debemos actuar todos lo antes posible.
Estaba al borde del abismo, contemplando como cada vez mis pies se acercaban al borde un poquito más, llegaría el momento en que mi cuerpo se precipitaría al vacío, ya no abría vuela atrás, me tiraría y no habría remedio. Nadie me podría salvar cuando esto sucediese.
El momento se acerca, ya tengo un pié dentro, ¡oh no! Ahora el otro... ¡Socorro! No quiero precipitarme al vacío, no quiero desaparecer por siempre, no quiero, que con el paso de los años todos se olviden de mi existencia.
Noto una brisa a mis espaldas, me giro, y...De repente veo un ángel.
De facciones dulces, piel clara y pura, emite destellos, que le proporcionan un punto mágico, su cabello era largo y rubio, daban deseos de enredar tus dedos entre el. Lo que mas me cautivó fue esa mirada tan tierna y hermosa, detrás de sus hermosos ojos azules se adivinaba una persona increíble, considerada comprensiva y fantástica.
Al verme no dudó ni un segundo en extender sus manos hacia mi, y sacarme de aquel maldito infierno.
Cuando me hube recuperado, hice un inciso de hablar para agradecerle lo que hizo por mí. -Shhh...-Me dijo, posando su dedo en mis labios.
Entonces posó su brazo en mi cintura, y así unidos, permanecimos durante todo el camino. Nuestro camino juntos en la vida.
En un rincón de mi habitación, en penumbra, llorando lágrimas secas, que se han secado en mi interior vacío, sin vida...
A mi cabeza vienen recuerdos... Un ataúd negro moviéndose por lo alto de nuestras cabezas, ha venido ella disfrazada con túnica oscura y tez pálida, a llevarse el perfume de su magnífica vida encerrado en un frasco del que nunca saldrá. Lo observo y se me remueven las entrañas, furia y rabia arden en mi interior, me lanzo tras ella e intento arrebatarle el aroma de su vida, en las lejanías se oyen mis llantos y gritos desesperados por recuperarlo, pero ella logró frenarme y alzando una mano hacia mi logró tumbarme en un segundo y derrotarme.
Ahora estoy aquí guardando silencio en su ausencia, mi voz viste de luto en su falta.
Jeremy, ahora me pregunto, ¿hermano querido, por qué te has ido?